Crónicas del Estado

 
 

Enrique S. De Aguinaga Cortés.

BREVE HISTORIA SOBRE EL INICIO

DEL HOSPITAL “SAN VICENTE” DE TEPIC.

      En el Periódico “Lucifer”, de fecha 9 de Septiembre de 1894 (Núm. 363), el periodista, poeta y Licenciado, Don Antonio Zaragoza escribió: “EL NUEVO HOSPITAL. Como saben mis lectores, se ha fundado un Hospital en esta ciudad, calle de Guerrero 31, por la conferencia de San Vicente de Paul. El nuevo establecimiento depende en lo absoluto de la caridad de las almas nobles, pues no cuenta con valores de ninguna clase. Se necesitan con la mayor urgencia camas, sillas, mesas, bancos, roperos, aguamaniles, clavijeros, armazón para despensa, escritorio, barriles, un aparato con farol, y dos de mesa, candeleros, vasos de noche, escupideras, canastas, trastos de barro, porcelana, fierro etc.;  ropa de enfermo y de cama.”

      “En todas las casas hay varios de esos objetos que por su mal estado no son ya útiles a las familias, y no podrán hacer las familias cosa mejor que mandarlos al naciente Hospital, donde son ya atendidos cuidadosamente once enfermos. No importa que todo esté muy usado. Remítase al Hospital, y sin ningún sacrificio se hará un gran bien.”

      “Se me ha pedido que levante la voz a favor de los desvalidos, y lo hago, como siempre con la mejor voluntad y de todo corazón.”

     “¡Piedad para los que sufren!.”

      Gracias a la anterior crónica periodística, los tepicenses podemos saber con exactitud el año de inicio de tan memorable hospital. En este año del 2007, el Hospital San Vicente cumple 113 años de servir a los nayaritas. Actualmente continua siendo un hospital de importancia en nuestra capital y continua siendo atendido por hermanas religiosas “Josefinas” y por innumerable numero de destacados médicos y enfermeras.

      El Doctor Don Alberto Gutiérrez Camarena, en su narración histórica sobre la medicina y los médicos tepiqueños (1968, p.17-20) nos relata que “La señora doña Salvadora Díaz, según la voluntad de don Ignacio Díaz y Macedo, Primer Obispo de Tepic y ayudada indudablemente por el hermano de ella el señor José Ma. Díaz, cura de la parroquia de Tepic, se había echado el cargo de fundar un “hospitalito”, y cuentan las crónicas que con su peculio particular adquirió ella la propiedad de la esquina de Ures y Guerrero, en donde se erigió también un pequeño templo que con los años se derrumbó y que está actualmente reemplazado por uno nuevo. Doña Salvadora, según se dice, atendía personalmente a los enfermos y damas caritativas después, patrocinadas y dirigidas por el cura, formaron la “Pía Unión de San Vicente”, cuya presidencia ocupó la Srita. Gestora Miramontes, luego Felipa Gutiérrez y la Sra. Antonia Enríquez Vda. De Ruiz. En el transcurso del tiempo las sucedieron honorables damas de la localidad de las que sólo puedo recordar a Luisa Sarría de Buelna (viuda del Gral. Rafael Buelna), a mi madre, Dolores Camarena de Gutiérrez y a las señoras doña Genoveva E. de Santisteban y María E. de Arias y a la última de dichas presidentas, Srita. María Ruiz.”

      El Doctor Don Alberto Gutiérrez Camarena relata también que cuando niño más de una vez tuvo la ocasión de visitar el hospital y que sus condiciones deplorables eran igual a cuando el llego a ser Director de dicho hospital. “Las señoras pagaban $10.ºº mensuales como “iguala” al médico que asistía a los enfermos que ellas sostenían; yo no les iba a cobrar nada y además mi antecesor tenía que ausentarse de Tepic”.

      Verdaderamente es conmovedora la labor solidaria de todas las anteriores personas que apoyaron a la creación de este centro de salud. En realidad se trataba de tan solo muchos cuartos construidos en adobe en una esquina, con dos corredores de teja y pisos de ladrillos rugosos y colorados con múltiples agujeros. Dos cuartos eran ocupados por las hermanas religiosas que lo atendían, mismas que tenían por capilla, un pequeño altar, dos bancas apolilladas y tres o cuatro sillas. Baños no tenían; contaban tan solo con excusados dobles, uno para mujeres y otro para hombres. Un día se presento una cuadrilla de albañiles enviados por Don José Octavio Menchaca y hicieron el piso de cemento a los dos corredores; otro día (metafóricamente hablando), se presentaron otros que había enviado Don Maximiliano Delius (de la casa Alemana “Delius y Cía”) para abrir dos ventanas en uno de los cuartos. Mas tarde llegarían los Doctores Adolfo P. Arce y Don Benigno Arriola y acondicionaron otro cuarto para ser sala de operaciones. (Esta sala de operaciones fue lograda gracias al trabajo hecho por estos médicos en un carnaval realizado aquí en Tepic y con sus ganancias lograron cumplir su meta). Años mas tarde, el Doctor Gutiérrez Camarena siguió este ejemplo, organizo una corrida de toros y logro, con lo obtenido, comprar para este hospital una de mesa de operaciones que costo $500. ºº y un pequeño autoclave de $1,000. ºº.

      Las damas por su parte, eran conocidas como las “Señoras de la Caridad” y periódicamente organizaban fiestas, reuniones sociales y funciones de teatro para recabar fondos y, además, todos los domingos públicamente recogían, en una bolsita roja, las limosnas que la ciudadanía les daba para tan noble fin. Por su parte, las hermanas religiosas recibían diariamente frutas y legumbres por parte de los locatarios del mercado Juan Escutia.

      Pero como toda historia buena tiene su historia mala, aquí no va ser la excepción y un día. Entre 1926 y 1927, el Gobierno Federal, en su lucha a muerte contra la Iglesia Católica y contra los católicos (lucha cristera), da la orden y es cumplida, de expropiar este hospital, bajo la sospecha de que dicho hospital pertenecía al clero o por calificarse su labor como confesional. (Ob. Cit. P.21).

      Por más de quince años estuvo en peligro de desaparecer por completo. Se estuvieron haciendo muchas gestiones para lograr su restitución sin lograr nada, hasta que en el año de 1945 -18 años después-, el Doctor Don Gustavo Baz, Ministro de Asistencia y Salubridad, hizo entrega por conducto de la Oficina Federal de Hacienda, el ya ruinoso edificio, a sus legítimos propietarios.

      El edificio inmediatamente fue limpiado y se comenzó a reconstruir; ahora se formo un Patronato y fue registrado con todas las de la Ley para evitar otro atentado contra la salud de los que poco o nada tenían. El primer Patronato fue constituido de la siguiente manera: Presidente y Director del Hospital, Dr. Alberto Gutiérrez Camarena; Dr. Benigno Arriola, como representante del cuerpo médico de la población; Don José María Menchaca, como representante de la Cámara de Comercio; y Don José María Ruiz, representando a la Asociación de Señoras que lo patrocinaba.

      Inmediatamente este Patronato inicio a trabajar y lograron conseguir importantes apoyos. El Lic. Don Carlos Pesquera busco al Doctor Don Alberto Gutiérrez Camarena y le hizo entrega de un donativo de $5,000. ºº; después, la Sra. Doña Soledad Orozco de Ávila Camacho en una visita en que acompaño a su esposo a nuestra capital, dono $1,000.ºº, y le siguió Don José María Menchaca, quién no tan solo había continuado con la voluntad de su señor padre, Don José Octavio Menchaca, que era el de continuar las gestiones ante el Gobierno Local para comprar (nuevamente) la propiedad, sino que, fue mas allá y cuando logro que se le diera la oferta de venta, la adquirió por $4,500.ºº en que le había sido valuada e inicio, sufragando además, mes a mes, para la reconstrucción del mismo edificio; …..Pero aquí empieza otra historia. (Enrique S. De Aguinaga Cortés. Historiador-investigador XXXVIII Ayuntamiento de Tepic).